Llevo días queriendo escribir sobre un tema, pero no tengo tiempo. Los últimos 10 días han sido agotadores. Se nota que el cuatrimestre llega a su fin y a todos nos entran las prisas. Me hacen gracia algunos profesores que se pasan las clases perdiendo el tiempo hablando de tonterías y contándonos su vida y, ahora, cuando no queda tiempo, pretenden explicar uno o dos temas en 40 minutos. Y, claro, ¿les importa que en una semana tengamos que prepararnos mínimo un trabajo para cada asignatura? Pues no, la verdad. Les da absolutamente igual. Algunos parece mentira que hayan sido alumnos y que se organicen tan mal siendo profesores. En fin... Lo peor ha pasado, quedan los exámenes después de Navidad.
Este fin de semana no he hecho nada. Nada relacionado con la universidad. No tenía ganas de nada. Bueno, sí, tenía ganas de escribir, pero era más fácil y cómodo estar cruzada de brazos. Y, ahora, cuando ya es más de la una de la noche, me da por animarme a hacerlo. Es una excusa para no irme a la cama, porque sé que no voy a dormirme en un buen rato. Sé que voy a estar dando vueltas a unos cuantos problemas y va a ser peor...
Así pues, comenzaré a hablaros del sujeto C. Sí, de este no había hablado nunca. Veréis, la historia empezó hace un año y medio. Lo conocí en el chat. Desde el primer momento, estaba claro que era raro... muy raro. Pero, claro, fue una época en la que me sentía muy sola (fue cuando conocí también a A y B) y cualquier persona con la que pudiera hablar me servía. Así que, en pocos días, lo agregué al MSN.
Cuando digo que era muy raro, argumento que:
1. cuando él escribía, yo no podía decir ni un simple "ah", porque se lo tomaba como que lo estaba interrumpiendo.
2. si él preguntaba, yo tenía que esperar a que acabara de escribir, porque se lo tomaba como que quería cambiar de tema.
3. las conversaciones con él casi siempre consistían en que él hablaba y yo contestaba (cuando podía).
4. si no le contestaba a algo, se enfadaba.
5. cuando se daba el caso 1, 2, 3 ó 4, automáticamente, se alteraba muchísimo, me insultaba y me hablaba muy mal.
Total, que parecía ser bipolar, porque esos cambios de humor en una milésima de segundo y sin motivos reales no son normales... Eso fue en julio y, como ya he dicho en otros artículos, en agosto me iba de vacaciones e iba a estar todo el mes sin conexión a internet. Pues bien, una noche antes de irme, estaba hablando con él y me pidió el número de teléfono porque decía que no quería perder el contacto conmigo durante un mes. Evidentemente, le dije que no, porque yo no soy de darle mi número al primero que me lo pida y, menos, sin haber hablado apenas y, todavía menos, tratándome como me trataba la mayor parte del tiempo.
Y, cómo no, se enfadó y me mandó a un sitio de cuyo nombre no quiero acordarme y a tomar por no sé dónde. Y yo, harta ya y viendo que tenía un mes por delante para dejar de sentirme sola (aunque lo estuviera), decidí borrarlo. Total, que pasó sin pena ni gloria por mi MSN y por mi vida. Cuando volví en septiembre, tenía un correo suyo (bueno, tenía el mismo dos veces) excusándose, diciéndome que no me iba a borrar nunca, que no podía, que le importaba mucho, etc. Era un correo eterno, por lo que supuse que le había dedicado bastante tiempo, pero no le contesté. No le contesté porque esas cosas se piensan antes, porque no tengo que aguantar que ni él ni nadie me trate así y, menos, sin darle yo motivos. Y no le contesté porque no me fío de que alguien me diga que le importo tanto cuando no ha hablado conmigo más de diez días, los cuales hemos acabado discutiendo.
Ahora, os preguntaréis a qué viene hablar de él. Pues porque, hace tres semanas, estaba conectada al MSN y me agregó alguien desconocido. Un chico me hizo el favor de agregar esa dirección para investigar y averiguar quién era (hasta se hizo pasar por mi pareja el pobre xD). La persona misteriosa le dijo que era un antiguo amigo mío que se portó muy mal conmigo y que quería pedirme perdón, que estaba en un momento con muchos problemas y que se alteraba por cualquier cosa. Enseguida me acordé del sujeto C, así que le dije a este chico que le preguntara si era él. Y sí, lo era. Al final, lo agregué y nos pusimos a hablar.
Entre otras cosas, me dijo que no se había olvidado de mí y que, cada vez que escuchaba mi nombre, recordaba lo mal que se había portado conmigo y sentía que tenía una cuenta pendiente conmigo, que no sabía si había leído el correo que me envió y que, ahora, había cambiado.
En definitiva, que todavía sigo hablando con él. Es cierto que ahora ya no insulta ni se pone a hablar mal a las primeras de cambio, pero sigue alterándose exageradamente. Sigue siendo muy extremista y siempre tiene que llevar él la razón. Estuve a punto de volver a borrarlo porque salió el tema de las mentiras y me dijo que me había mentido respecto a su nombre, su ciudad y, seguramente, en su edad (que se empeña en no decirla exacta) porque no se fía de dar sus datos... Creo recordar que ya sabía que me había mentido en eso. Y no lo he borrado porque sigo sintiéndome sola y, al menos, así tengo alguien para hablar; y porque no todos los días alguien se acuerda de mí pasado tanto tiempo (aunque no sé qué intenciones lleva realmente).
Este fin de semana se ha empeñado en enviarme mensajes de voz por MSN para que lo escuchara. Yo no quería, pero... si le hace ilusión... pues vale. El caso es que no me desagrada su voz, pero de este no me fío nada, así que no descarto que haya usado algún programa de esos que modifican las voces... aunque él me lo niegue.
A su favor, que escribe bien (cosa que no es fácil de encontrar) y que suele llevar él la iniciativa en las conversaciones (aunque sea para hacerme preguntas), hasta el punto de estar más de una hora hablando solo.
Seguiré mendigando conversaciones...