Hoy, han comenzado las clases.
A pesar de ser el decimoséptimo curso de mi vida (17... se dice pronto), los últimos días estaba un poco nerviosa. Nada exagerado, típicos nervios de volver a clase con la incertidumbre de cómo transcurrirán las primeras horas, con la expectación de comenzar una nueva etapa.
Anoche, desaparecieron los nervios. Saber que iba a estar acompañada por varias personas en todo momento, me tranquilizó. Me acosté tarde y me he despertado antes de tiempo. No eran nervios, eran ganas de llegar ya y hacer frente al primer día.
Una vez allí, aun sabiéndolo, me doy cuenta de cuánto vale la experiencia... ver a los principiantes perdidos me hace recordar que yo pasé por eso hace un par de años. Y lo recuerdo entre risas, con cariño y con orgullo por haber sobrevivido.
Ahora, estoy que me caigo de sueño... Pero ha valido la pena este día.
Me gusta perdernos con el coche y descubrir paisajes nuevos.