martes, 08 de septiembre de 2009

A falta de pocos días para que acaben mis vacaciones, es momento de que todo vuelva a la normalidad. Ahora toca dejar de trasnochar para volver a madrugar. Se avecinan unos meses duros, muy duros. Ojalá allá por febrero-marzo esté aquí escribiendo que todo va bien y que en esa nueva etapa no se pasa tan mal como esperaba. Ojalá, pero sé que no será así.

Haciendo un balance de este verano, diré que no ha habido viajes (como nunca los ha habido) y que no he hecho nada distinto más allá de levantarme tarde.

No me desagrada volver a la universidad porque ir allí es sinónimo de risas, complicidad, improvisación, diversión, sociedad... Pero también equivale a madrugones, estrés, cansancio, enfados, gente falsa, gente pija, gente creída, gente tonta... Y, claro está, lo inevitable: trabajos, prácticas y exámenes. Sé que todo esto lo echaré de menos cuando no lo tenga, porque este año es EL AÑO, el que antes veía muy muy lejos, el último, el que significa fin y cambio. Pero, de momento, es lo que hay y lo que me hará indignarme unas cuantas semanas, aunque también son cosas que dan juego... no sabéis lo útil que es tener a alguien que criticar durante una clase aburrida, innecesaria y nada interesante... jajaja.

Por otro lado, ayer estaba de buen humor a la par que aburrida, motivos por los cuales, cuando el sujeto A me habló por MSN, decidí ser buena y seguirle la conversación. Una pequeña broma y voilà: captó que estaba dispuesta a dialogar. Pues eso, que estuvimos unas horas hablando bien, no le pregunté sobre el tiempo que había estado sin dar señales de vida, no le pregunté nada (no me apetecía calentarme la cabeza), me estuvo contando cosas suyas (qué raro), se interesó supuestamente por cómo estaba yo y cómo me había ido el verano, etc. En fin, espero que la cosa siga así de tranquila... si me quiere hablar, bien; si no, también.

Comienza la vuelta a la cruda realidad.


Publicado por Desde-dentro @ 16:41
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